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La Mujer Gigante

Miércoles, 24 de octubre de 2007

En tiempos de aflicción, no hacer mudanza

La dificil situación que están viviendo los profesores de todos los niveles educativos, y el apoyo que debemos prestarles todos los padres, para que cumplan una labor que es vital para la sociedad.



Decía San Ignacio de Loyola que en tiempos de aflicción, no hacer mudanza, y esta cita me ha venido a la memoria ante la difícil situación que están viviendo muchos de los profesores que se ocupan de la enseñanza de los niños en el sistema educativo español, y que, bastantes de ellos como “compensación”, acaban con una baja por depresión, y en otros casos sufren la agresión de algún familiar del niño. Pero no están los tiempos como para hacer mudanzas.

Yo, que fui profesor asociado de la Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias de la Información, Rama de Periodismo, sé bien lo que es tratar de enseñar en todas sus facetas, también en la humana, a jóvenes de 18 y más años, pero hace unos días me comentaba una profesora amiga mía, la difícil situación que están viviendo los maestros de infantil, colectivo en el que se dan un número significativo de bajas por depresión.

Que algo falla en el sistema educativo español, es un hecho que llevamos arrastrándolo décadas, pero que en vez de solucionarse, tiende cada vez a agudizarse más.

La importancia de la educación es tal, que los gobiernos que se preocupan de verdad por sus ciudadanos, dedican una de las mayores partidas presupuestarias a este capítulo, dato que desconozco en nuestro país, pero que estoy seguro no estará en lo más alto del ranking.

Desde aquí quisiera hacer un llamamiento, más que a las autoridades educativas responsables, a las familias, para que introduzcan cordura y comprensión, en sus relaciones con los profesores que se están ocupando de formar a nuestros hijos. Que los docentes se sientan respaldados en primer lugar por los progenitores de los pequeños a los que ellos están enseñando a ser personas de bien. Porque su labor es impagable.

Por el ritmo de vida que casi todos nos hemos impuesto, dejamos a los niños en los colegios a comer, y en muchos casos a desayunar, con lo cual se pasan casi más horas con los profesores que con sus familias. Y si en nuestra casa a veces los niños nos cansan, y son nuestros, ¿cómo puede acabar un profesor que está con un promedio de 20 niños, aunque a veces tenga una persona que le sirva de auxiliar?

Como en todo en la vida, habrá profesores extraordinarios, buenos, menos buenos, y regulares, pero ahora mismo es imprescindible que ante la situación que hay creada con bastantes casos de violencia en algunos colegios, con falta de apoyo a los docentes en otros, y con mil situaciones que los medios de comunicación nos hacen llegar hasta nuestros hogares, las familias tenemos que dar un voto de confianza al colectivo de los docentes, y que nuestros hijos vean en sus profesores a un amigo, que en algunos casos deberá ser severo, como también lo somos los padres, pero a un amigo.

Y con esta petición me dirijo a todos los padres que lean este blog, a los que lleven a sus hijos a la escuela pública, concertada, privada, religiosa, es igual, en todas se trabaja con una dedicación digna de encomio, y lo que los profesores no pueden tener a cambio de su dedicación y de su trabajo, como premio es una depresión. Ni en infantil, ni en primaria, ni en secundaria, y mucho menos en la universitaria, donde los alumnos ya son hombres y mujeres, hechos y derechos.

Tenemos que pensar detenidamente en esta situación, y darle a la educación la importancia vital que tiene. De los polvos que levantó la transferencia de competencias educativas a algunas comunidades autónomas, surgen los lodos que ahora embarran la mente de determinados jóvenes, que cuando salen de sus comunidades y viajan por España, se dan cuenta de lo equivocados que están con algunas percepciones que les han hecho llegar de forma equivocada.

Tenemos ejemplos en la historia que sería aburrido repetir, pero siempre recuerdo que en el imperio austrohúngaro, cuando casi todos los allegados al emperador se peleaban por puestos de relevancia, éste se dirigió a uno de sus más fieles colaboradores y le dijo “no me has pedido nada”, a lo que le contestó, que lo que quería era la educación en sus primeros años, para así diseñar lo que habría de ser el futuro.

Pues bien, ese futuro, está en manos de esas personas que están atravesando una etapa difícil, y a las que tenemos que ayudar con nuestra comprensión y nuestro apoyo. Noticias de incidentes los tenemos todos los días en los medios de comunicación. El último, ayer en Zamora. Pero, hoy o mañana, puede ser en cualquier otra ciudad o pueblo de España. Y tenemos que impedir que los árboles no nos dejen ver el bosque, al final del cual está el porvenir de nuestros hijos, a los que ayudan en una entrega sin límites (porque la enseñanza nunca ha estado bien pagada), esas personas vocacionales a las que nuestros hijos deben respeto y obediencia (aunque estas palabras ahora, a lo mejor a algunos les parezcan anticuadas).

Como siempre que hay un problema importante en la sociedad, y este lo es, a mi me vienen a la memoria algunas frases de los poetas. Miguel Hernández, en su elegía a su amigo Ramón Sijé, le decía “compañero del alma, compañero”, pues eso quiero yo deciros desde aquí, ¡ánimo compañeros del alma, que yo os comprendo y doy mi apoyo! Y aunque sólo sea uno, pues adelante, porque dice un refrán que “un grano no hace granero, pero ayuda al compañero”.

Reconozco vuestra meritoria labor, pido que sigáis venciendo dificultades e incomprensiones, y desde aquí quiero agradeceros vuestro trabajo, ahora ya no con mis hijos, sino con mis nietos. El futuro está en vuestras manos, porque los niños son el porvenir, y ahí nos tenéis que ayudar, ya que realizáis un servicio impagable para la sociedad.

Y volviendo a los poetas, me acuerdo de ese zamorano de pro, que fue León Felipe, el poeta del éxodo y el llanto, que nació en Tábara, y que el exilio le llevó a morir en México en 1968, decía que había visto tantas cosas, tantas manipulaciones sobre el hombre, que uno de sus poemas lo acaba aseverando “Qué los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos…Yo no se muchas cosas es verdad. Pero me han dormido con todos los cuentos… Y sé todos los cuentos.”

Y vuestro silencio, porque no lo estáis gritando, no será ahogado con ningún cuento.

Yo, desde aquí os envío mi reconocimiento y quiero llamaros como de verdad creo que hay que hacerlo, no profesores, sino “maestros”. Así que, ¡ánimo, maestros!, porque estoy convencido que con vosotros, algunos miembros de la sociedad, están más equivocados que la paloma de Alberti, pero están a tiempo de rectificar, y ver donde está el norte y el sur. Porque, en contra de lo que dice Joan Manuel Serrat en su canción “Esos locos bajitos” dedicada a los hijos, nosotros, con vuestra ayuda, sí estamos a tiempo de impedir que sufran. Vuestro papel en la sociedad es así de importante, y eso no lo puede tapar ningún cuento, por mucho que lo repitan.

Y como de todo se aprende, recordar la máxima ignaciana “en tiempos de aflicción, no hacer mudanza”. Ya escampará.

Por: Antonio Santamarina | Educación | Comentarios (0) | Referencias (0)

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